Qué
lindo fue poder mirarte o, mejor dicho, admirarte una vez más. Qué lindo fue
sentir una vez más tu mirada sobre la mía, y qué dulce fue sentir el roce de
tus manos sobre mi cintura por una última vez. Y, si pienso que tus ojos ya no
me pertenecen, que tu sombra ya no va pegada a la mía, no me dan ganas de
seguir. Pero me quedo con este final, con esa sonrisa que me dice que, al
final, aunque poco hayamos sido, fuimos reales e infinitos. Me quedo feliz,
cerrando círculos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario