Siempre fue mi paralela. Caminábamos siempre
juntos, nos entendíamos. Éramos simétricos, prácticamente iguales. Pero había
algo que impedía que nos juntáramos, y no hablo de estar codo a codo todo el
día, sino de entrelazar nuestros corazones, de nuestras almas fusionadas en una
sola. Puede que haya sido una fuerza natural lo que lo impidió, o simplemente inoportunidades
del destino. La cuestión es que, después de tantos años, mil y una
perpendiculares siguen cortando la recta de mi vida, y ella, ella siempre es paralela.
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